martes, 7 de enero de 2014

Compartiendo vírgenes (o "La esencia del espíritu levantino").


 
Hace unos años, llegué con un amigo a la conclusión de que el pueblo español (y situad aquí como “pueblo español” a lo que mejor encaje dentro de vuestro mapa geográfico mental, que la cosa no va por ahí) era un pueblo trabajador y responsable hasta que entró en contacto con la naturaleza levantina. Y así, al igual que la ontogenia recapitula la filogenia (único concepto que aprendí en clase de biología y frase que me gusta muchísimo, por lo que la digo siempre que tengo oportunidad), cada habitante del norte peninsular y cada neonato de la Meseta, todo joven varón de Andalucía o Extremadura y todo pequeño catalán o aragonés llevan dentro de sí a un potencial hombre de provecho. Hasta que una mujer levantina se cruza en su camino.
Por si no ha quedado claro, explico que utilizo el término “hombre de provecho” como sinónimo de “hombre aburrido”. Porque, y aun a riesgo de derivar en un chauvinismo tan barato como la mortadela Campofrío, si, por ejemplo, El Cid no hubiera conquistado Valencia, o Isabel no se hubiera casado con Fernando, hoy, los hijos de Castilla podríamos ser europeos de provecho, pero frases como “nene, no iba a salir, pero me lié” (oída, invariablemente, a la una del mediodía siguiente), “vamos a tomarnos la penulti, que apenas es de día” o “quédate a dormir: tenemos speed” no formarían parte de nuestro día a día. Pero, por suerte, hace siglos, algunos de nuestros antepasados castellanos viajaron hacia el Este siguiendo a alguna levantina guapa que les dio a probar la mandrágora.

Foto tomada de Diarios de una mamarracha.

Mucho se ha escrito recientemente sobre el espíritu levantino, la mayoría en autos judiciales, pero también en esta entrada de los maravillosos Diarios de una mamarracha hasta incluso en las tiras cómicas de Moderna de pueblo. Supongo que cada uno tendrá una historia que, para él, mejor retrate su esencia. En mi caso, esa historia tiene que ver con Aspe, que es el pueblo de Iván y Laura y de muchos otros buenos amigos míos y de los Rusos en general. De hecho, Aspe se ha convertido en una segunda casa para el grupo.
Pues bien, sucede que Aspe tiene a su patrona compartida con el pueblo vecino. Así que, ya de entrada, la idea de tener una virgen a pachas es lo suficientemente loca como para que se le hubiera ocurrido a Vicentín himself. También sucede que, al tener a la patrona en régimen de multipropiedad, solo les toca su visita uno de cada dos años: los años pares. Pero eso no significa que los años impares no hagan fiesta patronal, oh no, sino que los pares las hacen a lo loco y duran tres semanas. Resumiendo: tener una virgen a medias con otro y que, en lugar de hacerte mala sangre, lo festejes por todo lo alto cuando por fin te viene a ver, refleja bastante bien para mí la maravillosa esencia hedonista del espíritu levantino.

Tira de Moderna de pueblo para Año Impar.
En definitiva, creo que el Levante es la Manic Pixie Dream Girl de la particular comedia romántica que constituye la historia de nuestro país. Y mira que podíamos habernos enamorado de Portugal, que siempre estuvo ahí, a nuestro lado, tan sencilla y dispuesta... Pero elegimos perseguir una felicidad imposible y no crecer nunca jamás.
Pd: Muchos de vosotros os estaréis preguntando que, si el Levante es la Manic Pixie Dream Girl, ¿en qué lugar deja eso a Canarias? Sabéis la respuesta: Canarias es la loca del punzón.

1 comentario:

  1. Picahielos del Teide, no punzón, perdona que te diga.

    ResponderEliminar